Saltos Hípicos

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01 ene, 2015

MARCELO COMBINA

Está de regreso en San Francisco para brindar toda su experiencia en el Club Hípico, donde hizo sus primeros pasos en este deporte que tantas satisfacciones le sigue dando.

Como vivía cerca del Club Hípico de nuestra ciudad desde chico se interiorizó en esta actividad y a los ocho años comenzó a practicarlo. Ganó muchos títulos representando a esta institución hasta que se fue a estudiar a Buenos Aires, donde siguió con la equitación. Allí también consiguió logros muy importantes y por medio de un amigo se fue a trabajar y a competir por cuatro años a Francia. Regresó a nuestro país, continuó con la formación de caballos, realizó varios cursos en Brasil y este año hizo experiencia en Ecuador. Actualmente está radicado en San Francisco junto a toda su familia y espera quedarse un buen tiempo para laburar con esta entidad no sólo en las instalaciones sino también como profesor.
 
¿Cuándo empezaste a practicar saltos hípicos?
Arranqué a los 8 años y a los 10 empecé a competir en las categorías menores. Luego junto a mi papá compramos un caballo que resultó ser uno de los mejores hasta el día de hoy y con el cual hice toda mi carrera hasta que llegué a Primera Categoría. Después cumplió una etapa y tuve que cambiarlo por otros que también fueron muy buenos, porque ya eran de un nivel muy superior.
 
¿Cuáles fueron algunos de tus tantos logros?
Con mi primer caballo salí dos veces campeón regional del Torneo del Centro, dos veces también en el regional del Litoral, una vez en Concordia, y en dos ocasiones me consagré como el mejor del país. Además, gané un concurso muy importante que se hacía a nivel nacional en el que se seleccionaban dos binomios de cada provincia y se juntaban todos en Buenos Aires, y yo quedé primero en la final que se llamaba “Copa Chase”, a raíz del banco.
 
¿Cómo siguió tu trayectoria?
Luego me fui a estudiar a Buenos Aires, donde estuve de 1990 al 2000, y ahí fue el lugar en el que arranqué como jinete de Primera Categoría, siempre haciendo experiencia y tuve que pasar por varios caballos. Dentro de esta modalidad llegué a competir en varios Gran Premios, que son lo máximo de este deporte y la altura llega a 1,50 metros. Además de competir también daba clases de hipismo y a la vez comercializaba algunos caballos, que es lo que te ayuda a mantenerte en esta actividad. Tuve la suerte de montar en la mayoría de los clubes de Buenos Aires, como ser el Club Hípico Argentino en el que estuve 10 años, pasé por el Club Alemán de Equitación, en Gimnasia y Esgrima, entre otros. 
 
¿De qué manera se te dio la oportunidad de ir a Europa?
Me surgió una oportunidad para ir a trabajar y a vivir en Francia por medio de un amigo que vivía allá. Así que acomodé las cosas que tenía en Argentina, me llevé mi caballo de Gran Premio que después lo vendí allá y supuestamente me fui por un año, pero hice conexiones, me gustó y finalmente me quedé cuatro años. Mucho tiempo estuve en Normandía (allí está la cría más importante y la mejor y mayor cantidad de competiciones) y un solo año en una localidad cerca de París. No sólo fui a laburar, sino que también pude competir en los nacionales de allá, que son muy buenos y Francia está entre los tres mejores países del mundo en cuanto a equitación, los otros dos son Alemania y Holanda. 
 
¿Con qué clase de amazonas y jinetes trabajaste?
La propuesta me resultó tentadora también porque fui a trabajar con jinetes de mucha jerarquía. El primer año que estaba en Francia trabajé para una chica que era campeona nacional y había ganado la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Atlanta en 1996. Mientras yo estuve allá se consagró campeona de toda Europa, que en este deporte significa el 70% de todo el mundo, ya que está todo centralizado en ese continente. Entonces, como ella viajaba y se ausentaba mucho, necesitaba un jinete con experiencia para prepararle sus caballos, a veces estaba sólo y en otras oportunidades entrenábamos juntos. Luego trabajé con otro jinete que integraba el equipo nacional de Francia, era campeón del país y subcampeón del mundo, y había participado en los Juegos Olímpicos, por lo que también tenía un currículum bastante importante. 
 
¿Cuándo regresaste al país?
Fueron 4 años de mucha experiencia, monté y formé muchos caballos, ya que estos jinetes tienen caballos muy jóvenes y hay que ir puliendo y educándolos para prepararlos para las competencias. En el 2004 regresé a Argentina, estuve 2 años compitiendo en las pruebas intermedias y con un amigo me fui a comprar un caballo a Francia que resultó ser excelente como el que tuve a mis inicios que se llamaba “Gran Lucero”. Con este que importé de Europa, que lo tengo acá en San Francisco ya jubilado, coseché todos los logros que tuve y los concursos más importantes del país los hice con este caballo. Además integré el equipo argentino en los torneos internacionales en los que participaban binomios de Estados Unidos, Canadá, Venezuela, Brasil, Uruguay, Chile y una vez vinieron de Europa. También debo tener no menos de 50 clasificaciones oficiales en Primera Categoría entre pruebas de 1,35 a 1,60 metros.Así que, desde el 2004 estuve siempre acá en el país salvo algunos meses que me fui a Brasil para realizar diferentes cursos y también para competir, ya que dentro de Latinoamérica es uno de los más fuertes en saltos hípicos.
 
¿Cómo fue la experiencia en Ecuador?
A principios de este año me fui a Ecuador pero nos quedamos poco tiempo. Mi familia no se adaptó bien, el club era bastante especial, muy selecto, elitista y yo sólo podía ingresar ahí ya que era el máximo responsable del hipismo. Así que estuve primero sólo unos tres meses y con mi familia otros tres más, pero la realidad no cambió mucho y decidimos volvernos a Buenos Aires primero y luego a San Francisco. Aunque en lo laboral fue una linda experiencia para mí, tenía muy buenos alumnos y los otros profesores también eran de jerarquía.
 
¿Por qué elegiste este deporte?
Siempre me gustaron mucho los animales y sobre todo los caballos. A su vez viví a una cuadra del Club Hípico, así que desde muy chiquito me la pasaba mucho tiempo ahí interiorizándome en el deporte hasta que le dije a mi papá que me comprara un caballo.
 
¿Cómo es la relación entre jinete-caballo?
Todas las relaciones son muy variadas. Hay amigos que son muy cariñosos y se ocupan mucho de sus caballos, pero tengo otros que son muy fríos y distantes. Personalmente me gusta mucho ocuparme de mis caballos, disfruto no solamente de competir con ellos sino de montarlos todos los días, soltarlos en un potrero, conversar con el herrero y el veterinario. Es lindo el contacto físico con el animal, hacerle algunos mimos, darle algún azúcar, atenderlos, bañarlos y me encanta hacer eso. En general, los grandes jinetes están muy interiorizados en sus caballos, sobre todo en Europa se ve eso, acá en Argentina no es tan así.
 
¿Cuáles fueron tus entrenadores?
En mis comienzos fue el señor Monina que sigue estando todavía en el club de acá, después continúe mi carrera con Eduardo Dutruel de Rafaela, luego conMartín Mallo que es un jinete de mucha experiencia y seis veces campeón nacional, y con Federico Castaing que realizó giras por Europa. También he tomado cursos con gente de Estados Unidos, con un campeón olímpico como lo fue Joe Fargis, con algunas amazonas americanas, y con Nelson Pessoa que es de Brasil pero ahora está radicado en Europa. 
 
¿Qué diferencias hay entre la equitación argentina y la europea?
Hay mucha diferencia en la proyección y en la mentalidad. En Argentina siempre se busca el resultado inmediato, en cambio en Europa los términos y los procesos son más largos y es mejor porque al final obtenés mejores resultados. Hay otra materia prima, los caballos son de más nivel y realmente de otra categoría, además están bien gerenciados y no como acá que se los sobreexplota un poco y casi que no tienen descanso. Argentina tiene un muy buen nivel nacional pero cuando van a un mundial o a los juegos olímpicos fallan porque le falta ese roce internacional que sí tienen los europeos, ya que casi todos los fines de semana compiten esas potencias entre sí y acá estamos bastante lejos. Aunque también tiene que ver mucho la parte económica, algo que Estados Unidos, Canadá, México y Brasil tienen como suplirlo, mientras que para los argentinos se nos hace muy difícil.
 
¿Cómo es la formación de caballos?
Es una linda satisfacción más allá de competir, la formación de caballos, su seguimiento y cuidados y luego la preparación con la que llegan a los diferentes campeonatos. Tuve la suerte de formar caballos que después han sido excelentes y participaron de competiciones muy importantes como los Juegos Olímpicos.
 
Ahora que volviste a San Francisco, ¿con qué te encontraste en el club de acá?
El nivel del club lo noté un poco precario en cuanto a lo técnico y lo deportivo, aunque tengo que destacar que es una muy linda institución porque tiene unas instalaciones muy buenas, las pistas son buenas, y la ubicación y el predio en el que está lo hacen más interesante aún. También rescato la trayectoria que tiene el club porque hace muchísimos años que está y que tiene una rica historia. Pero lo vi un poco decaído, con falta de semillero y sé que los motivos pueden ser varios, igualmente el pantallazo mío es ese. Así que mi idea es mejorar eso, ya sea que me quede cinco meses, seis o 20 años, quiero tratar de poner eso en orden, que son el mantenimiento de las pistas, de la caballeriza, y otras cuestiones.
 
¿Cuál es tu objetivo entonces?
Mi principal objetivo es que mi estadía acá deje algo. Actualmente me estoy ocupando de las pistas, de mantener y ordenar el club, y que esté más limpio y agradable. Creo que poco a poco se está logrando eso, además ya tengo algunos alumnos y tengo mis caballos acá, de los cuales algunos son jóvenes y están en plena formación. También está mi familia acompañándome, a su vez mi mujer es hípica así que trabajamos y competimos juntos.
 
¿La palabra retiro está en mente en estos momento?
Por el momento no. Tengo colegas que tienen 65 años y todavía siguen saltando en el primer nivel, ya que es una actividad que te permite practicarla por mucho tiempo y se suple mucho con la experiencia y la calidad de los caballos. Así que me intención es seguir formando caballos y compitiendo, de hecho lo hice hace pocos meses en Ecuador, donde participé en concursos internacionales.
 
Anécdotas…
Cuando fui a ver con mi papá mi primer caballo que estaba en un potrero a 500 metros de donde vivía y resultó ser de primera categoría, algo casi impensado pero con el que conseguí muchos logros. También recuerdo con mucho cariño cuando era chico que me familia me acompañaba a todas las competencias ya sean locales, regionales, provinciales y hasta los nacionales. Esto lo valoro mucho porque uno hace que continúe en esto, ya que es un deporte duro, muy sacrificado y esclavizante, por supuesto al nivel que lo practican los profesionales.
 
¿Qué mensaje le podés dejar a los que recién se inician en este deporte?
Que traten de ser lo más abiertos posibles, que tomen experiencia y se especialicen en lo técnico y en lo competitivo. Hay que ser apasionados, ocuparse de los caballos y disfrutar de ellos, no sólo a la hora de competir sino que hay que cuidarlos y mimarlos. 
 

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