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01 sep, 2011

OSCAR PEZOA

Fue uno de los mejores ciclistas de la historia argentina. Nació en San Francisco y brilló por todo el mundo.

Representó a Sportivo Belgrano en el básquet y luego en el ciclismo, deporte en el cual alcanzó sus mayores logros deportivos y personales. Participó en 1952 en los Juegos Olímpicos de Helsinki, Finlandia, con 17 años fue segundo en los Panamericanos y en 1953 se consagró campeón argentino. Se retiró siendo muy joven con tan sólo 20 años, pero después regresó, ya sin el mismo estado físico que antes pero eso no le afectó para seguir ganando. Hoy por hoy, con su 78 años, sale a bicicletear para mantenerse saludable.

¿Cómo fue que se inició en el ciclismo?
Había leído una nota sobre Ambrosio Aimar que iba o venía de competir en Londres, y hasta ese entonces yo no había agarrado nunca la bicicleta, ni sabía lo que era. Me entusiasmé más todavía cuando vi en la nota que los próximos Juegos Olímpicos se hacían en Helsinki, Finlandia en 1952 y cuando yo vi eso era 1948 y le dije a mi papá que yo iba a ir a los próximos Juegos Olímpicos y él me contestó que vaya a jugar. Ahí nomás le pedí a mi papá que me preste su bicicleta y me fui hasta Josefina, obviamente me cansé mucho, porque todavía no conocía bien lo que era el viento, que vendría a ser el enemigo en esta disciplina y cuando regresaba a mi casa, como siempre fui de tener mucha fe, le pedí a Dios que me ayude a ser un gran campeón y le prometí que nunca me iba a desviar de mi camino y desde esa vez se me fueron abriendo todos los caminos. La primera carrera que hice tenía 14 años, me gustó la bicicleta, no sé porque, pero me gustó y me dije voy a practicar este deporte porque me gusta y me atrae, y ahí empezó mi trayectoria en el ciclismo.

¿Practicó otro deporte antes del ciclismo?
Iba con los amigos del colegio a jugar al básquet a Sportivo Belgrano y al fútbol, pero nada de bicicleta hasta ese momento que lo vi a Ambrosio Aimar y ahí se me despertó algo para empezar en ese deporte.

¿Con qué bicicleta comenzó?
Yo empecé con una bicicleta de mi padre que la tenía de casualidad y era media de carrera con manubrio bajo y mis primeros entrenamientos fueron con esta que tenía cámara y cubierta, por lo que era muy pesada. Después me di cuenta qué era lo que iba en una bicicleta para ir mejor y le comencé a cambiar elementos que eran usados, porque no teníamos dinero para comprar todo eso e iba a la bicicletería para que le hagan esas reformas. Así que la iba haciendo a mi medida, cortándola y emparchándola hasta que quedó como yo quería y cada vez me iba enamorando más de la bici. Yo me iba a dormir a la cama y la bicicleta la tenía al lado, así que la miraba para ver si estaba bien en posición, le pasaba la mano arriba del caño y todo eso era como una locura. Pero un día un tío, Emilio Bofelli, que había venido de Italia y había puesto una fábrica de tornos, en la que trabajé durante un buen tiempo, a él le gustaba mucho la bicicleta entonces en una oportunidad le dije que estaba necesitando una mejor y me compró una importada que era espectacular y la mejor de ese momento. Él con ese regalo fue quien me dio la satisfacción más grande del mundo, y un tiempo después mi tío me regaló la de carretera, ya que la otra era de pista. La verdad no sé qué hubiera pasado si mi tío no me regalaba esas bicicletas, porque en mi casa nunca las podríamos haber comprado.

Cuenteme cómo fue esa participación en los Juegos Olímpicos…
En los Juegos Olímpicos llegamos hasta los octavos de final aunque estuvimos muy cerca de pasar a los cuartos de final, pero un compañero de nuestro equipo se desenganchó del cuarteto en la tercera vuelta en plena persecución. Así que terminamos corriendo tres contra cuatro y nos ganaron ahí nomás, quedamos muy cerca de pasar a la próxima ronda e incluso con el tiempo que hicimos podríamos haber alcanzado el segundo puesto.

¿Cómo fue su consagración en el campeonato argentino?
Cuando volvíamos en el barco, luego de haber participado en los Juegos Olímpicos, el director técnico me dijo que tenía que ganar el Campeonato Argentino para quedar en la historia del ciclismo, así que se lo prometí y finalmente lo gané, encima fue en tiempo récord que hasta el día de hoy no lo bajó nadie. En aquel entonces estos certámenes tenían un recorrido de 140 kilómetros, por lo que había que estar muy fuerte, ya que ibas solo y había que hacer promedio, que yo hice de 40 kilómetros por hora. Este quedó en la historia, salí en las tapas de El Gráfico y de otras revistas, a pesar de que yo ya era conocido. El Campeonato Argentino se había realizado en 1953 sobre la avenida General Paz.

¿Cuáles considera que fueron sus mejores logros deportivos?
En mi carrera gané muchos campeonatos, en varios con tiempo récord, ya sean a nivel local, regional, provincial y nacional, pero para mí uno de los logros más importante fue el segundo puesto en el Panamericano siendo el más joven con 17 años en el equipo argentino de ruta. Otra satisfacción fue cuando inauguraron el velódromo y el presidente Juan Domingo Perón trajo a todos los campeones europeos. Era una semana en la que se competía todas las noches y el único argentino que ganó fui yo y el entonces presidente me levantó la bicicleta para festejar mi triunfo, además, tuve la oportunidad de ir a comer dos veces a la Quinta Presidencial de Olivos con Juan Domingo y Eva Duarte, quienes se preocupaban por si me faltaba algo o si me daban de comer bien. También, recibí cartas de la presidencia, que todavía hoy las conservo, en las que me aconsejaba que siguiera con el ciclismo porque yo era una promesa. Otro logro muy lindo fue cuando me avisaron que estaba dentro del equipo que iba a ir a los Juegos Olímpicos de Helsinki, Finlandia en 1953 y ahí tenía recién poco más de 18 años.

¿Alguna vez pensó que iba a lograr todo eso en su carrera?
Nunca pensé o sospeché que iba a llegar a ser esto, porque con una bicicleta me conocí el mundo y estuve en países como Alemania, España, Suiza, Finlandia y siempre me pregunto porque a mí me tocó hacer eso. Andaba en avión, en barco y para ir a competir te lo tenías que ganar por mérito y la federación de cada deporte decidía quien iba y quien no iba. No es como ahora que algunos padres están en una buena posición económica y te dan plata para que viajes, así lo veo yo. Ojalá que si algún día uno se reencarna de nuevo pudiera hacer lo mismo, pero corregiría algunas cosas.

¿Cuáles serían esas cosas que corregiría?
Cuando llegué de los Juegos Olímpicos algunos familiares y la gente me fueron esperar a la estación de trenes, y yo vi en el rostro de mis familiares de que algo había sucedido y un tío mío me contó que mi papá había tenido un grave accidente y cuando arribé a mi casa había un cuadro bastante feo. Entonces, los dólares que traje de la competencia se fueron todos para que mi papá se salvara y mi mamá ahí me dijo que tenía que empezar a trabajar y todo eso me fue retirando del ciclismo.

Entonces, ¿cuándo se retiró?
Después de haberme consagrado campeón argentino me retiré del ciclismo con 20 años. Ya no era el mismo y dejé la bicicleta, pero igualmente salía a pedalear para cuidar mi salud, no lo hice más profesionalmente porque el cuerpo me lo pedía y el espíritu ya se había quebrado y es como si ya estaba satisfecho. Aunque, después de casado, con 23 años y con mi vida más ordenada volví a pedalear, me levantaba a las 5:30 horas, me iba a entrenar con la bici, a las 7:30 volvía, me bañaba y desayunaba porque a las 8:00 ya entraba a trabajar. La primera carrera después de mi retiro fue en Mar Chiquita, la gané yo y hasta les saqué una vuelta. En la segunda carrera, que era de Santiago Temple a Córdoba, también me quedé con el triunfo y además me había ganado una bicicleta y no recuerdo qué más. En la tercera competencia, que fueron los famosos 100 kilómetros de Rafaela y a la que asistieron grandes corredores como Héctor Acosta y Ricardo Senn, nuevamente volvía a ganar y la gente no lo podía creer porque pensaban que ya estaba de vuelta.

¿Cómo era su personalidad cuando competía?
Yo era medio caníbal, o sea, que no perdonaba nada, porque una vez le hice el favor a un corredor de llevarlo hasta la meta, pero antes de llegar ahí justo habían regado, yo patiné, me caí y el otro aprovechó esa ocasión, ganó y no mantuvo la promesa de que me dejaba ganar y ahí mi papá me dijo que no lleve nunca más a nadie.

¿Cuándo fue que lo llamaron de la Federación Argentina?
Cuando tenía 17 años ya me había llamado el Presidente la Federación de ciclistas de Rosario, que me había visto correr en Esperanza donde había llegado segundo dejando atrás a los mejores de esa época. Él le manda un telegrama a la Federación Argentina y de ahí envían un telegrama a mi casa y mi papá me avisó que me llamaban de Buenos Aires para que viaje para allá. Yo jamás había ido para aquel lugar, así que mi mamá me preparó una valijita y allá fui, no podía creer donde estaba, me impactaron muchos los edificios y esa noche dormí en un hotel frente al Luna Park. Al día siguiente que era un domingo, tuve que correr y justo bajo la lluvia, me acuerdo que había sido sobre la avenida General Paz y me escapo, pero faltando 50 kilómetros me agarran dos y entro segundo y a partir de ese momento me empezaron a conocer los porteños.

¿Cómo fueron esos años en los que competía?
Mi vida durante cinco años fue muy estricta, debía mantener una línea y no tenía que tener ninguna equivocación, por ejemplo a las 21:00 horas ya tenía que estar durmiendo porque mi papá me decía que tenía que dormir más de ocho horas y la mente tenía que estar limpia para que no trabaje ninguna otra cosa.

¿En qué pensaba cuando estaba en el podio?
Cuando estaba en el podio yo pensaba en los habitantes de San Francisco, si hubiesen visto que me izaban la bandera y tocaban el himno. Verdaderamente siempre pensaba en nuestra ciudad, en la gente, deseaba que nombraran a San Francisco afuera y eso me llenaba de orgullo.

¿Cómo era su andar sobre la bicicleta?
Todos me decían que mi pedaleo era único y no había otro igual, la figura y el pistoneo que tenía era inigualable y era así que me llamaban el “Caballero del camino” por la elegancia que tenía en el andar.

¿Realizó el servicio militar?
A los 19 años ya había sido campeón argentino y todavía no había hecho el servicio militar y cuando fui para hacerlo en la revisación médica los doctores se dieron cuenta de quién era yo y me salvé de hacerlo.

¿Qué era lo más importante para usted en el ciclismo?
Hoy en día muchos van por el dinero, pero yo ni siquiera pensaba en la plata sólo me importaba el triunfo para mí entrar tercero era malo aceptaba estar segundo pero después analizaba el porqué había llegado en esa posición.

¿Tuvo la oportunidad de ir a vivir al exterior?
Cuando tenía 17 años los campeones mundiales me querían llevar a Italia pero le pregunté a mi papá si me dejaba ir y me respondió que no porque era muy joven y me podían arruinar y que con el tiempo iba a ser mejor de lo que estaba siendo. Así que no fui y hasta el día de hoy no sé si fue una equivocación o qué. Eso se dio cuando vieron que yo había derrotado al campeón del mundo, a Gino Bartali, Ferdi Kubler y todos esos ciclistas que eran famosos en Europa, y el único argentino que había ganado era yo.

¿Quién fue su entrenador?
Mi papá no era deportista pero le gustaba mucho el deporte y sobre todo conocía la vida. Él me decía lo que estaba bien y lo que estaba mal y yo le hice mucho caso y por eso nunca me desvié de mi camino. Además, nunca tuve amigos, mi papá me decía “si querés llegar a ser algo tenés que vivir solo porque ellos pueden llegar a cortarte la carrera”, y tampoco me dejaba salir a ningún lado para que no contraiga alguna enfermedad ya que tenía que estar muy sano. Entonces, me mandaba a la mañana a respirar aire fresco que había en los eucaliptos y en la alfalfa y que haga muchas aspiraciones para tener una buena cantidad de aire adentro de los pulmones y me hacía entre 50 y 60 kilómetros. Y a la tarde me hacía ir para el lado de Santa Fe para embalar más de cuatro postes telefónicos, y más adelante me decía que no haga un solo embalaje, sino que apenas terminaba uno ya hiciera el otro rápido. Al principio eso me costó, pero después en las carreras yo siempre tenía el otro aguante en los embalajes y los cortaba. Otra de las cosas que me enseñó mi papá era que en mi casa pedaleara para arriba con unas bolsas de arena para tener mejor arranque.

¿Cómo era su dieta?
Yo comía todo casero y al horno, cuando me levantaba tomaba café con leche y me comía dos huevos crudos, y también tomaba cualquier cantidad de leche, cuando llegaba de entrenar ingería uno o dos litros de leche.

¿Cómo era su vestimenta de ciclista en aquella época?
Al principio pedaleaba en alpargatas, como no tenía malla me estrenaba con un mameluco y un broche o si no me arremangaba el mameluco hasta arriba de la rodilla lo cual me daba un poco de vergüenza, pero realmente era así.

¿Tuvo la oportunidad de entrenar a otros ciclistas?
Entrené a muchos ciclistas pero como nadie me llevaba el apunte y creeían que estaba loco entonces dejé de enseñar, puede ser que haya sido así porque realmente a eso lo hace un loco.

¿Pista o ruta?
Empecé en la pista en la que era muy bueno, pero la ruta fue la que me dio más éxitos en mi carrera, aunque las dos me encantaban.

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