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01 mar, 2012

PATRICIA RAVERA

Con pasado en nuestra ciudad, esta ex ciclista representó de la mejor manera a Córdoba y a todo el país en cada lugar del mundo que estuvo.

Patricia nació en el año 1974 en la ciudad de Pilar en la provincia de Buenos Aires pero enseguida se trasladó a la localidad santafesina de Cañada Rosquín. Allí empezó a practicar ciclismo de la mano de su padre que a la vez fue su mejor entrenador a largo de su carrera.

Ganó nueve Campeonatos Argentinos en diferentes especialidades y participó en los Juegos Panamericanos que se realizaron en La Habana, Cuba en 1991. Entre tantos logros que tiene, esta ex ciclista fue elegida en el año 1992 por el Círculo de Periodistas de San Francisco como la Deportista del Año. Este premio la vinculó deportivamente con el reconocido ex periodista Víctor Faya que ayudó a Patricia por medio de una beca para que ella entrenara en Córdoba. En la actualidad vive junto a su marido y dos hijas en Los Ángeles, Estados Unidos.

¿Cuándo y dónde empezaste a practicar ciclismo?
Empecé a correr a los siete años en la localidad de Cañada Rosquín. Mi hermano más grande llevaba un par de carreras corridas y un día mi papá le puso un manubrio de carrera a la bici de los mandados y como no había carreras de mujeres en ese entonces en la zona, me largó con los varones y terminé segunda.

¿Por qué elegiste este deporte y no otro?
Hasta ese momento mi papá había sido entrenador de perros galgos, parece que le gustaban las carreras. Mi hermano en la escuela tenía un amigo que empezó a correr en bicicletas y lo invitó a verlo un día en un pueblo vecino a Cañada Rosquín llamado Casas. Ya estando allá, su amigo le prestó su bicicleta, y mi hermano se animó a largar y como la ganó mi papá se entusiasmó. Cambió el entrenamiento de los perros, por entrenar a mi hermano, y ni bien se ingenió para que yo tuviera una bici, me puso en la línea de largada a mí también.

¿Practicaste otro deporte?
Sí, practiqué tenis, me entrenaba Alejandro Garrone en San Francisco. Gané un torneo local, pero ya estaba demasiado metida en el ciclismo como para dejarlo, ya que tenía como doce años. Pero me gustaba tanto el tenis que he hecho mi certificación aquí en California para enseñar y cuando tenemos tiempo jugamos con las nenas.

¿Cuáles son tus logros deportivos y personales?
Como logros deportivos tengo en mi haber nueve Campeonatos Argentinos, dos Subcampeonatos en los siete años que fui federada y representé a Argentina en los Juegos Panamericanos de La Habana. Además, en el año 1992 fui elegida como deportista del año en San Francisco, gané el Premio Córdoba Cuna de Campeones y la terna de ciclismo en la Fiesta del Deporte que organiza el Círculo de Periodistas de Córdoba y también fui distinguida en 1995. En cuanto a los personales, el mayor logro que puede tener una mujer es el de ser mamá, tengo dos nenas preciosas y una familia muy unida que siempre me apoya en todo.

Detallame tus participaciones en el Campeonato Argentino y en los Juegos Panamericanos…
El primer Campeonato Argentino de ruta lo gané cuando tenía 12 años. Fue en Buenos Aires en el año 1987 en el circuito KDT de Palermo. No tenía mucha experiencia corriendo con chicas de mi edad y la verdad se me hicieron veloces, tanto como los varones de allá. Largamos como 20, se me hacían muchas y yo estaba nerviosa. En la primera vuelta salieron como a comerse el mundo y a duras penas me mantuve a rueda de la última, pero cuando aflojaron la velocidad, yo venía de atrás con impulso y seguí como venía, me escapé y logré sacar, con dificultad, la vuelta. La verdad no pensaba que tuvieran tan buen nivel. En 1988 me consagré campeona argentina de Persecución Individual en 2000 metros en Bahía Blanca y terminé tercera en el campeonato argentino de ruta que se había hecho en Puerto Madryn. En 1989 fui campeona argentina de pista 3000 metros en Mar del Plata, y subcampeona argentina de ruta en Lomas de Zamora. En 1990 en Córdoba quedé como campeona argentina de pista en persecución individual 3000 metros, y un año después en Luján fui campeona argentina de ruta y además, representé a Argentina en los Juegos Panamericanos de La Habana. Luego, en 1992 fui campeona argentina de ruta en San Pedro, en Rafaela me consagré campeona argentina de Persecución individual y campeona argentina de Vueltas Puntables. Un año más tarde fui campeona argentina de ruta en San Luis, y en 1994 integré la Selección que iba a representar a Argentina en los Panamericanos de Mar del Plata.

Contame cómo fue ese llamado para participar en los Panamericanos. ¿Te lo esperabas?
Para esos Panamericanos se organizó una selectiva pero era sólo para mayores de 18 y yo tenía 16 años. Como era campeona argentina de juveniles y para agrandar el lote de participantes, me enviaron una invitación, era una prueba contrarreloj en Lomas de Zamora. La cuestión es que fuimos, gané y ahí nomás empezaron los preparativos para hacer el pasaporte, así que me tuve que quedar en Buenos Aires y antes de una semana, estaba viajando para Cuba. Pero tuvimos un problema, la Federación no quiso llevar mi bicicleta, lo que pasa es que iba a correr en ruta y yo no tenía bici de ruta sino que era una de circuito, y nunca en mi vida había andado en una bici así. No sabía manejar los cambios y luego, no me di cuenta que no frenaba cuando me estrellé contra un cubano que andaba por la calle en su bicicleta enorme y pesada. Por cierto, nunca me arreglaron los frenos.

Comentame cómo te fue ahí y qué sentiste al representar al país…
Se siente un orgullo muy grande de representar a tu país, considero que otra vez la Federación hizo las cosas mal, ya que debieron considerar que yo podía ganar la selectiva y todo el mundo sabía que yo sólo tenía una bicicleta y que era de circuito y que cuando corría en pista, mi papá solo le quitaba los frenos y le ponía piñón fijo, siempre se reían de eso. Apenas largamos me quedé atrás porque me daba terror andar en el pelotón sin frenos y había una bajada enorme, después de eso, una curva en la que comenzaron desde la mitad del pelotón a caerse, lo que era lógico porque la curva era cerrada y veníamos de una avenida grande para entrar en una ruta angosta. Cuando veo que está pasando esto, tomé precaución y pasé lo más despacio que pude, una chica de México se molestó por alguna razón y tiró su bicicleta, me pegó en la rueda de adelante, me caí y con el pedal me cortó el tubo de adelante. Vinieron todos los mecánicos de todas las chicas que se cayeron, menos el mío, yo gritaba por ayuda pero como no vino y cuando todos se fueron, los auxiliares de México me prestaron una rueda. Salí a perseguir, solo pude alcanzar a las que se habían caído que una por una fueron abandonando. La última fue la mexicana, yo creo que si trabajábamos en equipo, llegábamos al pelotón que nos llevaba como 4 o 5 kilómetros, pero no quiso seguir y por más que le insistí dijo que estaba agotada. Así me quedé persiguiendo toda la carrera, pero de todos modos, no creo que hubiera hecho mucho más de no pasar el accidente. Considero que no estaba preparada ni para la ruta, porque ahí es todo llano, ni para la bicicleta con cambio y después en cada bajada tenía que ir frenando desde antes de que empezara.

¿Cómo eran tus entrenamientos? ¿En qué se diferencian a los de ahora?
Si te soy sincera, después de los Panamericanos, no me subí más ni a la bici de los mandados. No paraba de llorar, y me dolía el pecho en las noches. Hace unos años mi marido me regaló esta que tengo en la casa, sentía como que volaba cuando la probé de nuevo. Corrí un par de carreras acá con los hombres, en las primeras me bajé, pero al paso de las semanas, ya me las aguantaba. Pero para mí esto no lo puedo tomar como hobbie y para correr es mucho el riesgo, tengo dos nenas y no me gustaría que me vean en el suelo o que tengan que ir a verme a un hospital. Para hobbie, mejor juego al tenis, es menos peligroso y puedo compartirlo con mis hijas.

¿Cuál fue tu primera bicicleta y cuál fue la última?
La primera bicicleta era una Bianchi de mujer, color verde oscuro que usaba para ir a hacer los mandados. La única reforma que le hizo mi papá fue cambiarle el manubrio, le puso uno de carrera y listo, se transformó en una ideal para circuitos. En cuanto a bicicleta de competición nunca tuve una que esté a la altura de las circunstancias. Ahora tengo una Giant y para mí es una Ferrari eso, pesa menos que la que yo tenía de pista.

¿Qué es lo que más te apasiona del ciclismo?
La libertad que se siente con la velocidad, una vez me prestaron una mountain bike en Mendoza y bajamos por la ladera de una montaña y era tanta la vibración que había que no podía ver, todo se movía. Pero sentía que volaba, era una velocidad de más de 90 kilómetros por hora. No pensás en los riesgos en ese momento, iba sin casco, la bici no era mía y era todo piedra, no como en el ciclismo, si bien levantás esas velocidades como en San Luis que había una bajada en donde llegaba a 110 kilómetros por hora, la ruta es en la mayoría de los casos, pavimentada.

¿En qué club o institución estás enseñando tenis?
Aquí tenemos canchas de tenis gratis en todos los parques. Mis nenas han formado un club en la escuela que se llama "Kitty Scouts" yo les enseño tenis gratis a los integrantes del club. Me aclararon de entrada, tiene que ser gratis, ma.

¿Quién fue tu primer entrenador y cuál fue el que más te marcó en tu vida?
Sin dudas el que más ha marcado mi vida mi papá que era bastante apasionado del ciclismo. Nos tenía cortitos con el entrenamiento y nos exigía bastante.

¿Cuándo y por qué te retiraste?
Me retiré a los 19 años porque entendí que es más importante la posición social que la dedicación en este deporte. Entrené un año con la selección argentina de ciclismo y todo este tiempo estuvimos fuera de casa. Sin embargo, el día antes de la carrera, me dijeron que no iba a correr porque ocupaban la plaza para una chica de otro deporte. Sentí que se me cayó el mundo, de todas las que estábamos considero que en la ruta era la que tenía más posibilidades. La cuestión fue que la selección largó el Panamericano con tres pisteras y una triatleta, en la especialidad ruta. Un desastre. No fue culpa de las chicas que tuvieran que abandonar la competencia, no estaban preparadas para eso. Fue un error del técnico manejado por otros intereses. En el ciclismo argentino, los chicos tienen que lidiar con eso, no nos representan los mejores, sino que nos representa el que tenga más dinero y poder. Es una pena y por eso no quise saber más de la bici hasta hace un año que salí a pedalear y largué un par. Pero no es lo mismo, me trae malos recuerdos.

¿Qué hiciste después del retiro?
Después del retiro me dediqué a trabajar, ahorré dinero y me fui a España. Pienso que al dejar atrás todo eso me cuesta hasta el día de hoy hablar de eso. Iba con la idea de trabajar, pero no conocía a nadie allá, llegué a Madrid y no tenía idea para dónde agarrar. Ahí conocí a mi esposo, mexicano él, que en ese momento se había recibido de Ingeniero en Biotecnología y decidido a empezar su maestría. Ni él la maestría ni yo el trabajo y nos pusimos de novios y nos fuimos juntos a México. Allá nos casamos y nos vinimos para Los Ángeles, Estados Unidos, donde nacieron mis dos nenas y ahora Pepper, nuestra mascota.

¿Y actualmente que hacés?
No estoy trabajando, hace poco cerramos nuestro negocio; importábamos de México ropa y calzado y distribuíamos a negocios de todo el Este de los Estados Unidos. Ahora hice mi certificación en enseñanza de tenis y a la vez, estoy estudiando una licenciatura en Enseñanza de Inglés.

¿Cómo veía tu familia y amigos que practiques ciclismo cuando en tu época no era como ahora?
Siempre me apoyaron en mi familia y mis amigos también. Solo mi maestra que por ahí me retaba porque los lunes casi nunca iba a la escuela. Es que las carreras eran por lo general los días domingos, y mi papá por no manejar de noche, volvíamos el lunes, lo que me parece que era muy prudente.

¿En alguna oportunidad contaste con ayuda económica de parte de un gobierno, sponsor, etc.?
Mientras estábamos en la Selección entre el 94 y 95, entrenando para los Panamericanos, nos daban $300 que cubría los gastos de la bicicleta. Antes de eso, el Círculo de Periodistas, después de que fui elegida Deportista del Año en San Francisco y de que me dieran el premio “Córdoba Cuna de Campeones” me prometió una beca para ir a estudiar a Córdoba. Pero me dieron un cuarto en un albergue, en el piso de abajo, funcionaba la Policía de Menores y sólo nos separaba una escalera, por la que la gente extraña subía. Mi cuarto no tenía cerradura, entonces yo en las noches apoyaba cuanto mueble encontrara en la puerta, tenía miedo la verdad. Me daban $300, en esa época cubría los gastos de la bicicleta nomás y no compraba el material que me pedían en la escuela, así que trataba de memorizar el tema y me iba a la biblioteca a leer. Para entrenar iba sola. Un día localicé a unos ciclistas para que me digan por dónde salir, me dijeron que por la autopista que va a Carlos Paz podía ir y por ahí iba, y volvía por el camino de las 100 curvas, que conocí explorando rutas nuevas después de que me aburrió la autopista. Un día fui a mi casa, y de regreso a Córdoba, mi papá me acompañó, vio las condiciones en las que estaba y por su cara vi que se desilusionó y me preguntó si estaba contenta ahí, no le pude contestar y me puse a llorar. Me dijo, “¿querés que volvamos a casa?” y como no podía parar de llorar, asumió que sí, yo rogaba que me llevara. Así que fuimos a ver a Víctor Brizuela, Director de la Secretaría de Deportes en ese momento, y mi papá le comentó la situación. El Sr. Brizuela le dijo que no podía hacer más, así que le dimos las gracias, y nos volvimos a casa.

¿Quién fue Víctor Faya en tu vida?
Víctor Faya me ayudó bastante, la beca de estudio para Córdoba la consiguió él, sólo que nunca le dije dónde y cómo vivía porque él hubiese hecho algo, pero me daba vergüenza molestarlo, porque siempre andaba viendo cómo ayudarme. Por él me dieron esos $300 que me pagaba Córdoba y como conocía a Víctor Brizuela, a Enrique Macaya Márquez usaba todo eso para ayudarme a mí. Yo le agradecía, pero me daba mucha vergüenza molestarlo. También su esposa, me acuerdo que me regaló un conjunto deportivo, que yo no quería usar para que no se arruine. Pero me lo robaron en San Luis, una vez que llegué con mi maleta y mi bici a la terminal de colectivos, porque así iba yo a los campeonatos argentinos, mi papá solo iba a donde le quedara cerca, por lo que siempre el dinero fue un impedimento. Me acuerdo que esa noche llegué a San Luis como siempre a preguntar para dónde, porque no conocía la ciudad. El colectivo se había roto en las altas cumbres y muchos pasajeros hicieron dedo y se fueron, en cambio, yo me quedé junto a otras dos personas y el chofer. La cuestión es que llegamos a San Luis a la noche, como a las 11:00 en lugar de las 12:00 horas del mediodía. Como no sabía qué hacer me puse a desenvolver la bicicleta de la cobija con la que la cubría; en eso un hombre agarró mi bolso y también la bicicleta, solo que como yo estaba armándola, no la soltaba y empecé a gritar, nadie vino, pero él se asustó y sólo se llevó mi bolso con mi ropa, dinero, documento y todo lo que iba adentro. Así que seguí armando mi bici, dentro de la cobija además de la bici, venía el casco y las zapatillas, al menos la carrera estaba segura. Terminé de armar la bicicleta y estaba saliendo de la terminal cuando veo mi bolso, estaba todo adentro, menos el dinero. Salí a deambular por las calles de San Luis y encontré un señor que iba en bici, se asustó porque lo empecé a perseguir y aceleraba cada vez más, hasta que lo alcancé y le comenté que no se asuste que buscaba el lugar donde se iba a correr el Argentino de Ciclismo mañana. Fue muy amable, conocía a los organizadores, los llamó por teléfono y en menos de 10 minutos vinieron a buscarme. Me llevaron a un albergue que estaba justo enfrente del circuito. Parece que Dios me dio un regalo para agradecerles porque gané ese argentino y le dediqué el triunfo a ese señor. Luego de la carrera, me pagaron el boleto para que vuelva a mi casa, pero como ya conocía el camino de vuelta, me fui en la bici a la terminal después de la carrera. Por eso me ayudaba Víctor, porque no quería que pase todo eso, cómo lo extrañé cuando se fue!!!

¿Siempre entrenaste en Argentina o tuviste alguna vez la oportunidad de ir al exterior?
Siempre entrené en Argentina ya que nosotros no teníamos la solvencia económica como para viajar al exterior.

¿Qué te gustaba más la pista o la ruta?
Me gustaba más la ruta, aunque siempre sugerí que tenía que haber una contra-reloj en los Campeonatos Argentinos y por lo menos dos etapas. Porque las pisteras se quedaban en el pelotón y sólo embalaban y en ocasiones una campeona argentina de ruta era una velocista, algo ilógico.

Contame alguna anécdota…
En el Campeonato Argentino de Luján mi papá no podía seguir la carrera, por lo que se quedó en la línea siguiendo la carrera por la radio y se subió a un árbol para poder ver la llegada entre tanta gente. Yo, después de mucho trabajar para desgastar a las velocistas, me di por vencida y guardé energías para el embalaje final, aunque no tenía muchas esperanzas. Se ve que dio resultado el trabajo anterior, porque fue uno de los dos campeonatos que gané embalando, y mi papá se cayó del árbol gritando.

¿Te quedó alguna cuenta pendiente?
Sí, claro, sé que pude haber hecho mucho más pero más que deuda es rencor. Pero me gustaría luchar por los chicos para que realmente nos represente quién se lo merezca y volcar toda esta experiencia en la juventud, con el fin de que no se pierda y que al menos sea de utilidad.

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