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15 may, 2019

BÁSQUET – SAN ISIDRO

Ellos le dan pelota al club

En el día del dirigente deportivo, DSP charló a fondo con Berardo, Aimaretti y Martelotto; los encargados de comandar el básquet de San Isidro que lucha por llegar algún día a la Liga Nacional.

Tienen la enorme responsabilidad de conducir a un club, con todo lo que eso significa, pero lo viven además como hinchas, se paran atrás del aro que da espaldas a calle Corrientes y desde allí lo disfrutan, también lo sufren.  
 
Uno prende las luces para la presentación, otro controla la caja con la venta de entradas y el más audaz se anima a secar el piso después de que un jugador cae a la madera del “Nido”. Hacen de todo, se sacan el saco y la corbata por y para San Isidro.  
 
Carlos Berardo, Alejandro Aimaretti y Marcos Martelotto se hablan entre 5 y 10 veces por día, además de juntarse religiosamente pasadas las 19 en el club. Lo sienten, le quitan horas a sus familias, aunque también ellas están firmes cuando hay que colaborar con el armado de pizzas o antes el turrón de quaker.  
 
Llegan a sus oficinas (del trabajo particular) y el resultado del partido en la noche anterior marcará su estado de ánimo. Los que lo rodean ya saben si ganó o perdió San Isidro con solo escuchar el picaporte de la puerta abrirse: “Trato de cuidar el detalle, sé que cuando entro a la fábrica están expectante del estado de ánimo, saben cómo salió San Isidro, pero cuido de no entrar tan eufórico cuando gana, ni cara mala cuando pierde. Por ahí se me nota mucho, pero internamente es espectacular lo que genera todo esto”, comenta Alejandro, quien tomó las riendas del club en 2003 cuando la palabra remate hacía eco entre las paredes y chapas de calle Corrientes.  
 
Los tres han sabido conducir a un club que está a punto de cumplir 100 años para ser reconocido a nivel nacional. Además de directivos de la institución, ellos fueron y son el sostén principal para que los Halcones Rojos pueda ser parte de la segunda categoría nacional. Reunir presupuesto, tarea para nada sencilla, organizar logísticamente una temporada, amargarse con las derrotas y fracasos deportivos, pero siempre con el objetivo de ir corrigiendo errores para superarse, siempre superarse: “Somos responsables cuando las cosas van bien y obviamente cuando las cosas van mal porque somos nosotros quienes contratamos. A la larga la responsabilidad siempre es de los dirigentes. Sin dudas que hay que vivir la experiencia para conocer y saber corregir”, dice Marcos. Ahí nomás la posta la toma Alejandro: “Tratamos de cuidar el presupuesto al máximo, por suerte en los ochos años que venimos compitiendo siempre cumplimos con todas las obligaciones y hasta logramos hacer obras; acá el presupuesto sale todo de este grupo de apoyo, el básquet profesional no le saca absolutamente nada a la institución en sí, ni un centavo de la cuota societaria por nombrar un ejemplo”
 
Carlos, presidente del club, espera. Escucha atentamente y sus ojos se iluminan; San Isidro es su casa: “Porque me crie acá adentro, cumplí todas las funciones. Fui jugador, entrenador, secretario administrativo, quiero al club y quiero trabajar para el club. San Isidro para mí es un cable a tierra, si no paso al menos unos minutos después de la jornada laboral no tengo el día completo”, resalta.  
 
Ya llevan 400 partidos al frente del club en primera, desde aquel resurgimiento hasta la actualidad. Liga Provincial B, Liga Provincial A, Liga Nacional B y Liga Argentina; todos esos pasos transcurrieron para disfrutar de un presente que los ilusiona; que los arrima más al sueño de alguna vez poder estar la Liga Nacional. 
 
“No sé si es una cuota pendiente o espina clavada”, responde Aimaretti, que a la vez agrega: “Pero siempre que uno compite quiere lograr el premio. Sería importante para el club, para la ciudad y para la región. Después nos tendremos que preguntar si estamos preparados para jugar Liga A, pero para saber eso hay que probar”.  
 
“Yo quisiera ascender”, salta Marcos y lo fundamenta: “Sería el premio deportivo para los jugadores y para el cuerpo técnico; además para los directivos por lo que trabajan. Me gustaría probar jugar Liga Nacional pero sin dinamitar las bases de los cimientos que se fueron construyendo”, aclara.  
 
Por su parte, Berardo baja la intensidad: “No me desvive jugarla a mí, pero siempre se compite para ganar, para conseguir lo más alto y si eso se da el premio es jugar Liga. Quisiera que estemos en primera, pero que llegue cuando todo funcione bien”. 
 
No hay día, llueva o haga calor, que cuando el reloj clava sus agujas en las 19:00 o 19:15 más tardar, los autos de los directivos no estén estacionados sobre calle Corrientes. Algunas veces los ves afuera charlando, otras tantas observando el entrenamiento o por qué no manteniendo alguna reunión con el cuerpo técnico o jugadores, pero siempre... como si se tratara de una religión: “A partir de las 19 uno viene a distenderse al club, durante todo el día nos hablamos para lo importante, para saber si se reunió el dinero y así asumir los compromisos que genera todo esto. Acá no hay sábados, ni domingos, todos los días surgen temas que hay que estar arriba, se nos ocurren cosas y por todas ellas nos hablamos continuamente” destaca el contador.  
 
Si bien esta temporada todo parece ser color de rosa, aún más luego de la victoria en quinto juego ante Oberá que depositó a San Isidro en semifinales de la Conferencia Norte de la Liga Argentina; ellos también tuvieron que bancar en las malas, cuando la lucha por el descenso en la pasada edición generaba críticas a las cuales nunca esquivaron: “Cuando perdés un partido estás loco, pero a los días pasa. Después de la temporada pasada se dio lo mismo, pasaron unos 15 o 20 días y ya estábamos todos con las ganas para revertir la cosa”, explica el presidente.  
 
Esos malos resultados, malas temporadas o decisiones llevan a discusiones, enfrentamientos que generan un desgaste: “Hoy ya no hay puteadas entre nosotros, aprendimos de las anteriores y a lo largo de los años para entendernos y seguir trabajando para el club”, explica Aimaretti, mientras que desde atrás se escucha: “Nos conocemos de memoria, todos sabemos lo que nos molesta. Tenemos discusiones, puntos de vista diferentes, pero sabemos que todo lo que se hace es de buena leche y para el beneficio del club. Tenemos mucho afecto entre todos, cuidamos cada uno un poco para conciliar”. A su vez, Marcos confiesa: “Distinguimos a un líder que es Ale. Todos proponemos, opinamos, decidimos, pero nos encolumnamos detrás de él, por el tiempo y dedicación es el que más le da al básquet profesional”. 
 
A lo largo del tiempo, muchos se han acercado para trabajar, algunos continuaron y otros desertaron; así son las instituciones deportivas, pero los tres concuerdan en que el club es lo primero, lo segundo y lo tercero en importancia: “El que no pelea por el club se baja solo; es clave que nadie venga al club por intereses personales, porque los dejás en evidencia enseguida. Yo pagaría para que la gente venga a trabajar, pero es muy difícil que se comprometan cuando se ha profesionalizado mucho la categoría”, dice de manera contundente Aimaretti.  
 
Berardo por su parte, reflexiona con una analogía que se la cuenta a DIARIOSPORTS: “Hay dirigentes que son vacas y otros que son chanchos. Siempre hacen más falta los chanchos que las vacas. Porque es la historia del sándwich de jamón y queso. La vaca colaboró con la leche para hacer el queso, en cambio el chancho se comprometió con su vida para dar el jamón. Está el que viene a colaborar y el que se compromete por la causa, hace falta más compromiso que colaboración”, destaca.  
 
Marcos, por su parte, comenta que este año un grupo empezó a dar pasos esenciales para contagiarse y trabajar por el club: “Hay que destacar que este año, después de lo sucedido la temporada pasada, se sumó un grupo muy bueno y con muchas ganas de trabajar. De a poco se van sumando, van aprendiendo y por suerte se entusiasman más aun por los resultados que estamos teniendo en la temporada”. 
 
Ellos le dan pelota al club, no de ahora, sino desde hace muchos años. Los sueños no se les terminan, buscan hacerlos realidad con esfuerzo y dedicación.

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