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Cami

13 sep, 2017

BÁSQUET

¿Qué es de la vida de…? Ignacio Revellino

Alejado del básquet profesional, el ex jugador de El Ceibo y San Isidro, dialogó en exclusiva con DIARIOSPORTS acerca de su actualidad que lo encuentra viviendo en Mendoza, donde se casó un año atrás, y trabajando en la empresa Saigro S.A. Además, el estudio ocupa un lugar importante en su vida.

Campeón nacional y sudamericano con Ben Hur, con un ascenso en San Isidro, formado en El Ceibo pero ya alejado del básquet profesional, Ignacio Revellino atiende a DIARIOSPORTS en una nueva entrega de ¿Qué es de la vida de…?. Radicado en Mendoza, en donde se casó hace poco más de un año, “Nacho” dialogó acerca de su carrera, sus estudios y su actualidad.
 
Desde chico, recién llegado junto a su familia a San Francisco, un amigo de su hermano, Mariano Fassetta, lo acercó al mundo del básquetbol. “Nuestra familia es de Freyre y cuando yo tenía 5 años nos fuimos a vivir a San Francisco, empecé a estudiar en la Escuela Domingo Faustino Sarmiento y mi hermano iba con un amigo, que era Mariano Fassetta, que fue la primera persona que se acercó a nosotros, el venía a jugar a mi casa y además ya practicaba el básquet, su familia es histórica en El Ceibo, por eso nos acercamos a practicar este deporte, así comencé con el básquet”, contó.
 
Siendo un juvenil, y en tal condición, dejó nuestra ciudad para partir a Ben Hur de Rafaela, institución con la cual se consagró campeón nacional y sudamericano, una experiencia que lo marcó de por vida.
Al respecto señaló que “el recuerdo de Ben Hur es algo que no se olvida nunca más. Me tocó vivirlo siendo juvenil, con 16, 17 años y formé parte del plantel que ganó la Liga Nacional y la Liga Sudamericana, me tocó compartir equipo con Leonardo Gutiérrez, que venía de ser campeón olímpico, Julio Lamas que volvía a Argentina y con jugadores de liga que estaban en su máximo nivel. Fue enseñanza pura, compartí vivencias, anécdotas, que te marcan no solo para el deporte sino también para la vida personal y laboral que llevo ahora”.
 
Y a ello agregó: “tenía a mis papás a 90 kilómetros de distancia, estábamos muy cerca. El club nos daba mucha contención y el momento deportivo nos marcó mucho. Estábamos muy acompañados y se trabajaba a primer nivel, con jugadores de jerarquía”.
 
Posteriormente “Nacho” pasó por Echagüe de Paraná y Colón de Santa Fe para luego llegar a San Isidro, en donde le sumó un grato momento a su carrera basquetbolística. Con los “halcones” logró el ascenso desde la Liga Provincial a la Liga Nacional B en la temporada 2009-2010. El hecho de compartir esa alegría con su familia y amigos, en su tierra de origen, lo convirtió en “uno de los mejores momentos de mi carrera deportiva”.
 
El ascenso con San Isidro lo recuerdo con mucha alegría, yo hacía unos años que ya me había ido de San Francisco y cuando regreso me tocó ser parte de ese equipo, se formó un grupo humano excelente, fue una temporada muy buena que significó el inicio de todo este proceso nuevo de San Isidro, los recuerdos son los mejores. Recuerdo la final con Instituto, con mis amigos y mi familia en la tribuna, salir campeón y ver festejar a la gente que uno quiere es  un momento que no se olvida nunca más”, expresó “Nacho”.
Posteriormente su carrera continuó en Tiro Federal de Morteros para luego desembarcar en Barrio Parque de Córdoba. Allí una cirugía en su tobillo derecho le generó graves inconvenientes que terminarían complicando su carrera
 
Acerca de esta situación, dijo: “hace unos años atrás, me sacan un sobrehueso del tobillo derecho y en la cirugía me entra un virus intrahospitalario que me llevó 8-9 meses de recuperación. En medio hubo muchos estudios, tres cirugías para desinfectarme, fue una recuperación complicada. En el medio tuve mucha incertidumbre porque los médicos no tenían en claro cómo iba a quedar el tobillo y si iba a volver a jugar. La buena rehabilitación que realicé en San Francisco me posibilitó volver a jugar al básquet”. 
Tras superar esta larga lesión, “Nacho” llegó a Anzorena de Mendoza y con ello su vida daría un giro radical. “Llegué después de una lesión muy larga, Anzorena confió en mí y me encontré con un club de barrio, que apostaba al básquet, donde los dirigentes eran familias que nos contenían mucho. Aquí es donde eché raíces”, manifestó.
 
Nuevamente una lesión aquejó a Ignacio que, en esta ocasión, comenzó a masticar su retiro. “Hace dos años tuve una lesión en el talón de Aquiles, esa lesión me marcó para empezar a abandonar la práctica de este deporte, fue mi última temporada como profesional. Esa lesión le puso el punto final a mi carrera”, se sinceró.
 
Pero el destino le deparó a Revellino un camino trascendental en su vida. En Mendoza, allí donde debió dejar el básquet profesional, dio uno de los pasos más importantes, se casó con Martina. Y allí se radicó, Mendoza se transformó en su lugar en el mundo.
 
Me costó dejar el básquet, fueron muchos años en el deporte profesional. Fue un proceso largo, hablado con mi familia y mi actual esposa, cuando tomé la decisión lo hice convencido, con tristeza pero convencido. Sabía que tenía que empezar otro camino. Formé mi familia acá en Mendoza, me casé hace ya un año. Sabía que las lesiones me estaban jugando una mala pasada y que ya no podía disfrutar el deporte. Desde chico me dijeron que el día que no disfrute del básquet lo iba a tener que dejar y eso me pasó. Terminé el Federal en Mendoza y encaré otros proyectos, hoy estoy agradecido de por vida por lo que me dio el deporte, es una escuela de la vida”, añadió.
Acerca de su actualidad, “Nacho” contó: “estoy trabajando en una empresa que se llama Saigro S.A. donde brindamos servicios integrales a empresas petroleras, aquí en Mendoza está la administración central y tenemos dos bases operativas en Neuquén y Tartagal, por ende paso tiempo en Mendoza y también me toca viajar a las dos sucursales”. 
 
Si bien una gran parte de su tiempo está abocado a su trabajo, Revellino mencionó que el estudio y la capacitación forman parte de su día a día. “Terminé de cursar la carrera de Recursos Humanos, me quedan unas materias para rendir y también, como considero que hay que vivir actualizado, estoy haciendo unos diplomados que forman parte de una materia de negocios. Ya realicé el Diplomado en Marketing y ahora estoy cursando el de Economía y Finanzas pero más que nada estoy abocado a la empresa”, sostuvo.
Por último, no pudo ocultar su amor hacia el básquet. En ese sentido expresó: “sigo ligado al básquet, cuando puedo voy a entrenar a Anzorena y juego algún partido de la local, el tema es que cuando termino de jugar me duelen mucho los pies. Lo tomo como algo amateur pero lo disfruto mucho porque tengo amigos acá, es una oportunidad de hacer ejercicio”. 
 
En la oscuridad apareció la luz para Ignacio Revellino quien salió de uno de los momentos más duros que puede atravesar un deportista, su retiro, encontrando su lugar en el mundo y sentando las bases de su familia. 
 

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